OCUPARSE DE -SÍ-: Carta a vos mismo.

Oye,

El que quiere encontrarse con sí mismo, se da tiempo.
El que quiere evitarse, huir de sí mismo, te pide tiempo.
Te demanda eso que le falta.
Incluso, te lo reclama.
A veces, le molesta tu paciencia… y corre a robarle tiempo a otro.
El tiempo, esa dimensión que no vemos, pero que habla más del amor a uno mismo que cualquier ornamento visible que llevemos puesto, o cualquier dominio espacial ilusorio al que juguemos.

 Cuidar de sí mismo no sólo es darse ‘tiempo’, como aquel que pasa un rato a solas, pero que en el fondo espera que eso, el tiempo, se pase y se le pase rápido, para llenarlo luego con algo, o alguien.
Hubo un día, te cuento, que esta diferencia en el foco se me hizo notable pero también obvia como el azul cielo que nos cubre, y tan estremecedora como quien se entrega en cuerpo desnudo y alma limpia a su amante; era una emoción presente, profunda y digna de vida, sabía que algo cambiaba en mi, y fue hermoso. Pero como soy, muchas veces tan tímido como ese amor apasionado pero sólo vivido en el encierro de una habitación, recuerdo, que no hice uso alguno de mi voz para comunicar tan hermosas sensaciones y comprensiones. Callé. Como muchas veces lo hago. Pero mismo como el amor, las verdades no cumplen el destino del silencio. Así, otro día, un día santo, se dió el siguiente grito interior:
Me decía, casi en tono de victoria y de novedad, y continué elevando la voz, como liberando una tensión de años, y de todos:
Así, algo conquiste dentro de mi ese día. Y como, todavía, no pudo todo esto ser voz en los oídos de alguien, me animé a que salga por mis manos en la escritura para que no muera dentro.
Te dedico un poema, uno eterno.
No, no pases tiempo así.
Haz hincapié en el ‘darte’ tiempo. Haz hincapié en el darte. No hagas nunca, si me permites, foco en las cosas. Nunca. Nunca. Haz foco en los actos, y las intenciones: como quien se acostumbra a valorar el esfuerzo de las raíces por tan bella flor, o como quien sabe que detrás de las lagrimas hay siempre profundas y estremecedoras emociones. Esta mirada en lo invisible, a uno, y lentamente, lo profundiza en la condición humana, le ensancha el corazón.
Es con el darse tiempo que viene la silenciosa vitalidad de la dignidad, de auto-sacralidad, que evita a cualquier precio, y cueste lo que cueste, ese sutil personaje: el APURO.
—Por que ya no soy una maquina! y me he exorcizado de ese que me habitaba y que sólo se ocupaba de hacerme correr de un lado a otro. Tres o cuatro veces por cada hora levantaba su látigo y me recordaba que algo no había terminado: DALE APURATE!! Cual burro de carga. Buscando logros logros: LOGROESTIMA.
—Porque… simplemente me amo, y me doy todo aquello que necesite para crecer: tiempo, espacio, lectura, vínculos genuinos, vínculos terapéuticos. Buscando ser, SER! -grité-: AUTOESTIMA.
Ey, escucha: Ocuparse de sí-mismo es escuchar nuestras propias necesidades, darnos tiempo para el contacto consigo, darnos un té o unos mates a solas. Ocuparse de si, es propiciar el tiempo y el espacio para ese encuentro cálido y genuino con uno mismo.



El Amor Después del Amor

Llegará el día
en que, exultante,
te vas a saludar a ti mismo al llegar
a tu propia puerta, en tu propio espejo,
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,
y dirá, siéntate aquí. Come.
Otra vez amarás al extraño que fuiste para ti.
Dale vino. Dale pan. Devuélvele el corazón
a tu corazón, a ese extraño que te ha amado
toda tu vida, a quien ignoraste
por otro, y que te conoce de memoria.
Baja las cartas de amor de los estantes,
las fotos, las notas desesperadas,
arranca tu propia imagen del espejo.
Siéntate. Haz con tu vida un festín.

Derek Walcott

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