….sobre nuestra respuesta de descanso y el colapso.

Sobrevivir: es el estado al que nos acostumbramos a vivir. Siempre un poco por encima de nuestras posibilidades corporales reales. No estamos vivos. Estamos empujando eso que llamamos “cotidianidad” día tras día siguiendo el impulso de lo que deberíamos hacer. Cansados. Agotados. Exitosamente autoexplotados…. al borde del colapso (como dice el filósofo coreano Byung-Chul Han)

    Objetivos. Objetivos. Objetivos.

             Cursos. Títulos. Tareas. Deberes. Impuestos.
La sociedad habita una humanidad al límite de sus propias capacidades biológicas, y por tanto psicológicas. Es relativamente fácil ubicar cómo estamos y hacia dónde vamos si nos referenciamos con uno de los gráficos del sistema nervioso y el estrés. Mi gráfico preferido:
https://equusoma.com/wp-content/uploads/2020/04/Polyvagal-Defense-Hierarchy-LEGAL.pdf

Lo amarillo: Ansiedad. Es un estado de “yo puedo” y que nadie se meta conmigo. Estamos defendiendonos ante la competencia, comparándonos. Nuestro sistema se posiciona automáticamente en Ataque, Huida o Búsqueda. 
Aquí el tono muscular se tensa, estamos alertas para poder defendernos y orientarnos rápidamente a acciones que nos permitan sobrevivir. Mucho de lo que en este estado hacemos no es lo que queremos, sino lo que “hay que hacer”. 
Y todo va relativamente bien… incluso sin enfermarnos.. hasta que… debido a la escasa creatividad de las reacciones automáticas (familiares) entramos a la zona de “no puedo”. 
Rojo: Colapso.  Alguna frustración nos hace entrar en esta zona donde la respuesta nerviosa en su inteligencia orgánica propone colapsar (hacerse el muerto) para sobrevivir. Aquí ya no puedo con algo y permanezco víctima. 
Por supuesto, los estados de colapso pueden ser severos e incluso una depresión que te tiene en la cama por años. 
Pero aquí hablemos de nuestra cotidianidad. De los colapsos cotidianos a los que nos enfrentamos.

Nuestra parte que quiere descansar.

Podemos estar ansiosos solo un momento al día pero no podemos pasar mucho tiempo ahí. Muchas veces nos auto convencemos de que “yo puedo” o “debería poder… como el resto de las personas que pueden”  y desestimo el natural impulso al descanso que viene a los 90 o 120 min de algún esfuerzo. Es muy común frenar esta respuesta natural de descanso para continuar. La culpa por sentirnos improductivos o débiles suele bloquear el momento de rendirse, de soltar y recuperar. ¿Cuánto más podemos tirar de la cuerda de nuestro organismo? 
Hace unos días me llegaron estas preguntas:
¿Alguna vez te has encontrado….
~ abrumadoramente fatigado a la mitad del día?
~ distraído o soñando despierto durante una reunión o conversación?
~ cometiendo errores inexplicables sobre asuntos simples?
~ repentinamente incapaz de recordar un hecho, nombre o palabra?
~ omitir señales sociales obvias y decir lo incorrecto?
~ justo al borde de la ira, la depresión o las lágrimas sin saber por qué?
Por otro lado, ¿alguna vez ha conocido momentos en los que… te haz sentido particularmente sano y en armonía con el universo?
~ establecer récords personales sin esfuerzo?
~ relacionarse excepcionalmente bien con los amigos de la familia, y
~ inusualmente descansado y energizado después de una corta siesta?
~ desempeñándose sorprendentemente bien en público y negocios
reuniones?
~ capaz de lidiar rápidamente con los problemas que habían estado atascado?
~ con facilidad para encontrar soluciones creativas a los problemas?
The 20-Minute Break by Ernest Lawrence Rossi, PhD, with David Nimmons (1991)


Y porqué podría ser importante conocer y llegar a armonizar esta respuesta de descanso?
Sucede que nuestro cuerpo tiene forma naturales de lidiar con el estrés diario, y también el estrés de toda la vida…. Nuestra milenaria corporalidad vive día a día una particular eternidad. Nuestra eternidad, pues el origen de cada uno de nuestros cuerpos es el origen del universo mismo. 
Es una verdad científica, en tanto que ya a sido explicado en el lenguaje, la inteligencia que relaciona ciertas partículas sub atómicas con otras para que los átomos sean átomos. Gracias a esa sabiduría diaria existimos. Eso lo sabemos. 
Pero no actuamos desde la consideración que nuestro cuerpo tiene razón en sus comunicaciones [Las sensaciones].  A la muy necesaria respuesta de descanso, es la primera que  solemos callar o tapar. Hemos aprendido a empujarnos el cuerpo con café o apuro. Esa es una característica de la cultura occidental-patriarcal. El imperativo en las conciencias de que descansar no es algo productivo. 
Este imperativo es tan exitoso, que ha inventado la culpa como emoción interferente.

Algunos aspectos de la sanación:

Interesante es la esencia Pine de las Flores de Bach, para la culpa. Ayuda verdaderamente al proceso de auto-escucha de las propias necesidades.
Llevar la atención hacia la placentera y expansiva sensación de descanso que comienza a aparecer cada vez que reposamos en el suelo, sillón o en la cama…. y permitirla. En ese proceso, donde la atención esta pasando a las sensaciones corporales, es que los pensamientos pueden ir parando. La calma viene cuando reemplazamos la atención desde los pensamientos a sensaciones/sentimientos
Cuando comparto estos aspectos, suelo también decir, que esa reconciliación con nuestra parte que quiere descansar es tan importante para la propia sanación, porque para lo que “nosotros” entendemos como descanso, para el cuerpo es “reparación”.  Una necesaria reparación diaria. 
Creo que eso es personal, y algo que  no aprendemos en el colegio o en ciertas instituciones demandantes de corporalidad.

Making Room / Haciendo Espacio… Respiración Natural Guiada para descansar:

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Alfo.